Por qué la actividad moderada o intensa es considerada clave en la prevención de demencia
- El análisis genético y la evidencia clínica despiertan interrogantes sobre la eficacia de los hábitos activos más allá del perfil hereditario
- El estudio de la Universidad de Boston publicado en JAMA Network Open demuestra que la actividad física en la mediana edad y la vejez reduce hasta en un 45 % el riesgo de demencia.
- Según la Comisión Lancet y la OMS, el sedentarismo figura entre los principales factores de riesgo modificables en la prevención de demencia a nivel mundial.
- Caminatas vigorosas, entrenamiento de fuerza y ejercicios aeróbicos han demostrado el mayor impacto en la prevención del deterioro cognitivo en adultos mayores.

La actividad física en la mediana edad y la vejez puede reducir el riesgo de demencia hasta casi la mitad, según un estudio publicado por la Universidad de Boston en JAMA Network Open.
La investigación señala que quienes mantienen altos niveles de actividad física durante la mediana edad presentan un 41% menos de riesgo de desarrollar demencia, y un 45% menos si el hábito se sostiene en la vejez. Esta reducción se aplica tanto a la demencia por enfermedad de Alzheimer como a otros tipos, situando el movimiento regular en el centro de los esfuerzos de salud pública para afrontar el envejecimiento cognitivo.
El análisis, presentado en JAMA Network Open, adquiere relevancia considerando que, según la Comisión Lancet 2024 sobre demencia, cerca del 45% de los casos de demencia podrían evitarse al modificar catorce factores de riesgo, entre los que destaca el sedentarismo.
Los datos: mayor actividad física, menor riesgo
El trabajo revisó los registros del reconocido estudio epidemiológico Framingham (FHS Offspring), que da seguimiento a más de 5.000 participantes desde 1971, y analizó datos de 4 décadas para comparar distintos períodos de la vida adulta.
Se incluyeron 1.526 adultos jóvenes, 1.943 de mediana edad y 885 mayores, todos inicialmente libres de demencia, con un seguimiento promedio de 14 a 37 años según el grupo etario. A lo largo del estudio, 567 personas desarrollaron demencia: el 4% en el grupo joven, 14% en la mediana edad y 26% entre los mayores.
La actividad física se midió a través de un índice que combina la intensidad y la duración diaria del ejercicio. Los resultados muestran que quienes mantuvieron niveles más altos de actividad durante la mediana edad y la vejez tuvieron un menor riesgo de desarrollar demencia.
En la mediana edad, las personas con mayor nivel de actividad presentaron hasta un 59% menos riesgo, especialmente entre quienes no portaban el alelo APOE ε4, una variante genética asociada a mayor probabilidad de desarrollar enfermedad de Alzheimer.
En la vejez, el beneficio también fue significativo. Tanto en personas con predisposición genética como sin ella, la práctica regular de ejercicio intenso se asoció con una reducción del riesgo, que alcanzó hasta un 66% en el grupo más vulnerable.
La evidencia indica que la mayor protección se produce adoptando actividad física de intensidad moderada o alta en la mediana edad, y que cualquier nivel de ejercicio resulta beneficioso a partir de los 65 años. Actividades como caminatas vigorosas, entrenamiento de fuerza y ejercicios aeróbicos muestran el impacto más claro, según el metaanálisis citado en El País.
Cómo el ejercicio contribuye a la salud cerebral
La relación entre actividad física y menor riesgo de demencia se explica por distintos procesos biológicos. Investigadores de la Universidad de Boston señalan que el ejercicio regular puede reducir la acumulación de proteínas asociadas a la enfermedad de Alzheimer, como el amiloide beta, y favorecer su eliminación.
Además, la actividad física estimula la generación de nuevas neuronas, mejora la circulación sanguínea en el cerebro y disminuye la inflamación crónica, factores clave para preservar la función cognitiva con el paso del tiempo.
Estos efectos se reflejan en una mejor conservación del volumen cerebral —en particular del hipocampo—, mayor conectividad neuronal y mayor reserva cognitiva. Además, la actividad física contribuye al control de factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, obesidad, diabetes), directamente vinculados con el desarrollo de deterioro cognitivo.
Impacto de las intervenciones reales y el nuevo paradigma del entrenamiento
Las recomendaciones internacionales han avanzado hacia estrategias más integrales, abandonando la sugerencia de solo actividad ligera para promover programas multicomponentes que integran fuerza, resistencia, equilibrio y coordinación.
El metaanálisis confirmó que incluso el músculo envejecido puede adaptarse ante estímulos exigentes sin incrementar el riesgo de lesión. La OMS recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio para adultos mayores, una orientación ya incorporada en sistemas sanitarios europeos mediante prescripción médica y políticas públicas estructuradas.
Iniciativas como la de la Universidad Miguel Hernández en España, reseñadas por Cadena SER en 2024, consiguieron mejoras sustanciales en adherencia, funcionalidad física y bienestar emocional en personas mayores de 65 años. En otro caso, la intervención sanitaria dirigida a pacientes mayores de 75 años con dolor crónico mejoró el dolor, la funcionalidad y el ánimo, con un 96% de satisfacción y alta continuidad, como documentó Cadena SER.
Tecnología, personalización y tendencias globales
La digitalización comienza a desempeñar un papel central en el envejecimiento activo. Investigaciones como la revisión sobre la app Senior Fit, destacan la importancia de interfaces sencillas y videos explicativos para fomentar la constancia en el ejercicio domiciliario. Las tabletas y plataformas digitales, según la OMS, contribuyen al aumento de la adherencia, aunque persisten desafíos de accesibilidad y formación.
Entre las tendencias emergentes en la llamada generación silver la Fundación Cardiológica Argentina resalta el entrenamiento de fuerza, la prescripción adaptada a enfermedades crónicas y la integración social del ejercicio como estrategias clave para mantener independencia y calidad de vida en la vejez.
A escala internacional, Europa apuesta por la integración del ejercicio en el sistema público de salud y la prescripción médica, mientras que América Latina refuerza campañas comunitarias y Norteamérica lidera en innovación tecnológica y protocolos personalizados, según documentan la OMS y Infobae. Según la OMS, a pesar del avance de la evidencia, el sedentarismo sigue siendo elevado: en 2024, más de 1.800 millones de adultos no cumplían las recomendaciones mínimas de actividad, aumentando así la carga global de enfermedades crónicas y deterioro cognitivo.
Respuestas a las preguntas clave sobre prevención de demencia con ejercicio
La evidencia de JAMA Network Open confirma que incrementar y mantener la actividad física moderada o intensa, especialmente durante la mediana edad y la vejez, puede reducir a la mitad el riesgo de desarrollar demencia, incluso entre quienes presentan vulnerabilidad genética.
Este resultado fortalece las recomendaciones internacionales sobre la promoción sistemática del ejercicio físico como herramienta preventiva y posiciona su adopción temprana, personalizada y sostenida en el centro de las políticas de salud pública para el envejecimiento saludable.
Fuente: INFOBAE

